Grandes viajeros de la historia
EL PRÍNCIPE MADOC
Hay viajeros cuyas hazañas han pasado a la posteridad y cuyo nombre se ha impreso
con letras de oro en la historia. Sus viajes y sus vivencias quedaron perfectamente
contrastadas y permitieron que otros hombres siguieran sus pasos. Otros personajes,
sin embargo, han quedado difuminados entre la leyenda y la realidad. Sus viajes
permanecen inmersos en una tenue nebulosa en la que no se sabe dónde termina la
realidad y dónde comienza el mito. Tal es el caso del viajero galés Madoc ap Owen
Gwyneth, más conocido como “el príncipe Madoc”, tal vez, el primer viajero al Nuevo
Mundo.
La figura de Madoc fue rescatada por Thomas Herbert, un auténtico viajero del mundo
por cuenta de los Estuardo: embajador en Persia, espía en la corte del gran Mogol y escritor del libro “viajes y viajes”
publicado en Londres en 1626 en el que narra una vieja historia oscuramente difundida: el posible viaje del príncipe
Madoc a América en el siglo XII, es decir, 3 siglos antes de que arribara Colon.
Según su relato Madoc se vio envuelto en terribles luchas sucesorias en torno al
trono del País de Gales. Derrotada su facción tuvo que partir al exilio en el año
1.170, junto a 120 hombres, poniendo rumbo a poniente, más allá del mar conocido,
siguiendo las leyendas que hablaban de dulces y remotas tierras.
Según narran las leyendas, el príncipe galés, llegó a unas costas desconocidas
donde levantó un fuerte y estableció una colonia. Luego regresó de nuevo a su país
en busca de más pobladores y ayuda. Madoc consiguió reunir diez barcos y un
nutrido grupo de pioneros dispuestos a arriesgarse en aquella peligrosa empresa.
Contando con más hombres y más barcos regresó de nuevo a aquellas tierras
desconocidas.
La desilusión llegó cuando encontró el fuerte destruido, los pobladores diezmados y la guerra desatada con los
bárbaros que habitaban aquellos lugares. Los recién llegados encontraron, que aquella tierra de promisión que les
habían ofrecido, era en realidad una tierra de muerte y destrucción. Muchos decidieron volver y se rebelaron contra
Madoc, lo que provocó cruentas peleas entre los recién llegados. Algunos regresaron en las mismas naves que les
habían llevado, otros, como Madoc, se quedaron en el nuevo territorio.
Tras aquellos confusos acontecimientos la historia se pierde y la memoria de aquellos pioneros quedó sepultada en
el olvido, perdida en los arcanos de la epopeya gaélica. Pero algunos testimonios de su gesta, perduraron.
En 1582 Haycklyut, el piloto del famoso navegante Sir Francis Drake, publica su diario de a bordo. En él se indica
que en México existen indicios del paso de aquel lejano príncipe Madoc de Gales. También Powels en su “Historia de
Cambria” recoge en 1584 la vieja tradición del viaje de Madoc.
Sin embargo, John Evans, el clérigo galés que recorrió Missouri niega que ninguna de aquellas tribus de indios que
encontró hablase gaélico. A la misma conclusión llegó Clark, que en su búsqueda de un paso a través de las
Montañas Rocosas, vivió entre numerosas tribus de indios.
Todo quizás hubiera quedado en el olvido si Catlin, el romántico configurador del mito de la Frontera norteamericana,
no hubiese indicado que había encontrado la vieja tribu descendiente de Madoc: los Mandán. Una tribu india cuyos
miembros tenían los ojos azules, rubio el cabello y un extraño lenguaje.
Pero la historia a veces se vuelve esquiva y hacia finales del siglo XIX la misteriosa tribu Mandán fue aniquilada en
aras del progreso. Ninguno de sus miembros sobrevivió y la historia se pierde ahí, sin testigos.
¿Existió el Príncipe Madoc?. ¿Realmente llegó a pisar tierras del continente americano? ¿Fueron los Mandán los
descendientes de aquellos pioneros galeses? Posiblemente son preguntas que nunca obtendrán respuesta. Lo que
sí sabemos es que Madoc representa el espíritu de
un tiempo en el que se confunden mito y realidad; representa
una época en la que ser viajero era una forma
diferente de ser y de sentir. El Príncipe Madoc existió en
todos aquellos navegantes y descubridores que,
siglos más tarde, ampliaron el mundo conocido con la
fuerza de su ingenio y su coraje.
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